Por Lic. Julio Neme

UNA FOTO

Simplemente una foto. Una foto que ni siquiera transmite el más siniestro horror. No vemos, como otras tantas veces, imágenes de niños descuartizados por el poder de los misiles o siniestras quemaduras de fósforo blanco.

Apenas la pasiva inocencia de un niño inerte, desdibujado. Una criatura empujada en su máximo y paradójico extremo a la franca brutalidad de los adultos malos. Una foto poco usual, que nos provoca algo, un aditivo extra, una extraña hipnosis confundida entre impotencia, desasosiego y pena infinita. Una imagen que parece labrada a propósito, ferozmente preparada para perturbar nuestros sueños por siglos estelares. Ejerciendo un papel decisivo en nuestras vidas. Una especie de auto tortura perpetua.

 

Acaso porque ni siquiera pertenece a la esfera de lo atroz o lo vilmente imaginado….Va más allá. Pero no, no, tranquilos, que nada de eso ocurrirá. No modificará en nada la cotidianidad. A lo sumo una falsa alarma en nuestro árido sistema de emociones o susceptibilidades. Solo eso. Porque esa estampa angelical, que no pudo ser protegida por un impiadoso sistema, pronto, muy pronto, terminará de languidecer de la memoria. Y más aún cuando nos sentemos cómodos a mirar tele, bien alejados del verdadero fuego, y otras noticias nos causen indignación, simpatía, pavor o alegría.

 

Y entonces abandonemos de nuestra consciencia a esa figura, que en el fondo, y muy en lo profundo se asemeja a un huésped indeseado, porque a fin de cuentas, y esto lo sabemos, no es más que el retrato de nuestro propio cinismo. Muy similar al cinismo de occidente y las grandes potencias. Prescindiremos de Aylam del mismo modo que renunciamos a los millones de mártires de Irak, Palestina, Líbano, Libia, Siria.

De esta Siria cuyas burbujas de sangre hoy brotan a granel. Y nada se modificará demasiado. La agonía de los que sufren esta brumosa noche de varias décadas seguirá en curso. El sionismo y el imperialismo se encargaran de ello.

 

Historia sistemática, repetida. Y si adiestráramos los principios de la genuina sensibilidad, esa que no se deja impresionar ante el impacto del momento, jamás deberíamos haber llegado al extremo de Aylan Kurdi. Con solo reconocer que oriente medio pertenece a este mundo y que merece paz, justicia y verdadera democracia, sería más que suficiente.