Películas para volver a ver

Por: mmarx

I Intro

Muchos intelectuales analizaron las transformaciones culturales de la vida contemporánea. Aquí, vamos a tomar a algunos que nos parecen dan pistas interesantes para analizar esta película. Uno de ellos quizás sea David Harvey, dado que nos ayuda a repensar la forma en que estamos experimentando el tiempo y el espacio entre el posmodernismo y el posfordismo. Nos parece que el análisis de Broken Flowers (2005), film de Jim Jarmusch, puede darnos herramientas para pensar ciertos rasgos de la experiencia del capitalismo tardío, al decir de Jameson.

Tiempo y espacio son categorías sustantivas en la perspectiva de análisis de Harvey porque son conceptos ontológicos, es decir, claves para la interpretación de la existencia humana: definen la forma en que interpretamos el mundo y actuamos en él. Para Harvey, espacio y el tiempo conforman un marco para la experiencia por el cual aprendemos quiénes y qué somos en la sociedad.

El dilema cultural de la época contemporánea reside, desde esta mirada, en el hecho de que asistimos a una disociación entre tiempo-espacio objetivos (es decir en tanto que tiempo-espacio transcurridos, transitados) y el modo en que los percibimos, conceptualizamos y practicamos subjetivamente. Por tanto, en la manera en que los experimentamos.

En primer lugar, este dilema evidencia que el mundo de hoy parece caracterizarse por una multiplicidad de sentidos disociados del espacio y el tiempo. Esta disociación entre percepción objetiva y experiencia subjetiva de ambos en primer lugar, nos obliga a recordar que ninguno de los dos conceptos pueden concebirse independientemente de las prácticas de reproducción de la vida en sociedad: cada comunidad, cada formación social particular encarnará un conjunto de prácticas y conceptos del tiempo y del espacio. Es decir, existen múltiples cualidades objetivas que el tiempo y el espacio pueden expresar, y el rol de las prácticas humanas en su construcción.

cineEn segundo lugar, nos obliga a tener en cuenta que es esta escisión entre objetividad y subjetividad la que colabora en explicar la fragmentariedad, la vertiginosidad y la volatilidad de las prácticas sociales que caracterizan al mundo contemporáneo. De esta manera, asistimos a una comprensión del espacio y el tiempo que tiene un impacto desorientador en nuestra vida cultural y social.

Ahora bien, de qué hablamos cuando nos referimos a la “experiencia contemporánea”, expresión tan utilizada en la teoría social y el campo artístico. La expresión refiere a un concepto que ancla las prácticas materiales en un tiempo específico: el tiempo presente. Analizar entonces esta forma de la experiencia significa comprender la praxis contemporánea como un “estar aquí”: es decir, un espacio y un tiempo en los cuales resolvemos los problemas de la condición propia de “estar aquí”.

Nos parece que el film de Jarmusch colabora en darnos herramientas para pensar algunas características de ese “estar aquí”, en medio de la vertiginosidad y los avatares que la aceleración del tiempo de la producción imprime a nuestra vida cotidiana. Llevamos una vida cada vez más acelerada y, paradójicamente, tenemos una actitud contemplativa del mundo, nos sentimos desorientados en él. En definitiva, pareciera nos hallamos a la espera de un futuro que nunca llega. Ese carácter contemplativo del “estar aquí” del sujeto posmoderno traza las huellas de un tiempo en el que él mismo carece de la seguridad necesaria para animarse a resolver los problemas de su “estar aquí”.

Para introducir al análisis, veamos qué características tiene el “estar aquí” vivido por el personaje interpretado por Bill Murray. En primer lugar, su “estar aquí” tiene ese carácter contemplativo de la vida que mencionábamos. Es un sujeto que no trabaja. En líneas generales, no realiza ninguna actividad ni creativa ni impuesta (por ejemplo, de tipo laboral).

Se nos aparece como un sujeto desposeído de todo rasgo singular: no resulta un detalle menor el hecho de que éste viste con ropa deportiva durante todo el film. Digamos que los tiempos de la moda (y para generalizar, los tiempos del mercado) le son completamente indiferentes. La rituales de su vida cotidiana no pertenecen a una clase específica: podríamos decir, no es rico ni pobre. Tampoco despliega a lo largo de la película una acción ética particular, podríamos afirmar que no es ni bueno ni malo. Pareciera que le ha sido borrado su “estar aquí”. En el film es el sujeto posmoderno de nuestros días que vive el mundo desprovisto de una experiencia propia del tiempo y espacio: comprendida por sí mismo y compartida con los otros. Este borramiento del tiempo y espacio explica que el sujeto vive su “estar aquí” -objetivamente regido por la velocidad de los tiempos de la producción y, por tanto, del consumo- de manera contemplativa y aletargada, sintiéndose subjetivamente incapaz de ser protagonista de su propia historia. Esta tensión entre la vivencia objetiva del tiempo y el espacio y la propia experiencia de ambos evidencia aquella disociación que mencionamos en páginas precedentes entre lo que objetivamente sucede -espacial y temporalmente- y lo que subjetivamente percibimos y comprendemos. Esta disociación es evidencia manifiesta que la experiencia del mundo contemporáneo pareciera haberse fracturado, roto.

II Don Johnston, metáfora del sujeto posmoderno

La sinopsis del film Broken Flowers (2005) es simple: un hombre retirado de su vida laboral recibe una anónima carta rosa en la que una ex pareja le informa que es padre hace 19 años de un hijo que habría salido en su búsqueda para conocerlo. A fin de develar el misterio de ese pasado no resuelto, el vecino le organiza la estrategia de ir a ver a las cinco madres potenciales con un ramo de flores rosas. El film se despliega entonces como relato de ese recorrido.

Tal como anticipábamos, la complejidad de la trama se enriquece en la medida en que la construcción del personaje principal puede ser interpretado como metáfora del sujeto posmoderno cuya percepción del tiempo y el espacio define una manera históricamente determinada de vivir en el mundo: podríamos decir, una forma fracturada o rota de la existencia.

brokenflowers-600x324Detengámonos en el nombre del personaje. En explícito sentido lúdico, este Don Johnston conmemora el nombre del actor Don Johnson, quien interpretó el personaje de Sonny Crockett en la serie televisiva norteamericana Miami Vice, emitida durante cinco temporadas entre el ’84 y el ‘89. Aquel personaje iba a ser clave en la construcción en el mundo de la industria de la cultura de la figura del ‚eterno seductor‛. En el film de Jarmusch, la alegoría a la figura del ‚Don Juan‛ es clara: a) por la referencia de los personajes secundarios a este juego de términos Johnson/Johnston; b) por la reiterada admiración del vecino a su historia repleta de jóvenes amantes y c) por la forma de la mirada de las mujeres del film que se nos presentan como “seducidas” por la indiferencia de su gesto. Podríamos agregar además, la singularidad inevitable de esta figura arquetípica de la masculinidad: la incapacidad de sostener una relación sentimental estable a lo largo del tiempo.

Tengamos en cuenta que fue el escritor Tirso de Molina el creador del célebre personaje protagonista de la literatura española, conocido como el Don Juan. También llamado burlador o libertino, dio vida al seductor valiente que no le teme a ninguna ley divina o humana. Esta figura arquetípica influyó en la literatura europea a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Un siglo después, la industria cultural volverá a utilizar reiteradamente esta figura que terminará siendo clave para la comprensión de la representación del “galán” protagonista de la “literatura rosa” pasatista y, más tarde con la masificación de la TV, del mundo de las telenovelas.

Hacemos referencia aquí al concepto de industria cultural propuesta por Adorno y Horkheimer en la Dialéctica del Iluminismo (1947). En dicha obra, los autores nos ayudarán a comprender, en particular, el modo en que operan los medios masivos de comunicación, especialmente: radios, semanarios y films a partir del siglo XX. Los mismos, al funcionar como un sistema hacen que un mismo mensaje circule por diferentes medios masivos. De esta manera, la omnipresencia de ese mensaje único en nuestra vida cotidiana se garantiza, eliminando los contrarios. El concepto de industria cultural creemos sigue siendo sumamente potente para la comprensión de cómo se cultivan estereotipos sociales. En este caso, el valor de la masculinidad como equivalente al “hombre exitoso con el sexo femenino”. Dicha equivalencia reproduce socialmente, por lo menos, una concepción sexista del mundo.

Fluctuante, de amorío en amorío -y a diferencia de aquel personaje que desplegaba su ‚arte de la seducción‛ en las interminables noches de Miami- este Don Johnston ha devenido en una versión fracasada de la figura estereotipada del ‚hombre exitoso con el sexo femenino‛ que la industrial cultural ha reproducido9. Confinado a una vida de derrota afectiva, la película justamente inicia con la vivencia del abandono: otra mujer que lo deja. De hecho, el dilema del personaje está determinado por la crisis de ese estereotipo en el acto de enterarse que es padre. Podríamos decir entonces que la paternidad es representada en el film como el final de esas fluctuaciones emocionales y la amenaza a quedar ‚atrapado‛ en la estabilidad de algo duradero: un hijo.

Johnston, como representación estética, aquí da pistas para comprender rasgos específicos del sujeto contemporáneo: el hombre desanclado y reticente a lo estable (las relaciones duraderas de tipo sentimentales y familiares), que paradójicamente despliega una vida cotidiana en condición de soledad permanente, que es incapaz de demostrar emociones y que se halla además carente de esos vínculos sentimentales y familiares: en síntesis, el personaje nos da pistas para pensar que ese sujeto de la contemporaneidad podría caracterizarse como un individuo emocionalmente fracturado.

III Experiencia de la compresión espacio-temporal en la posmodernidad

Harvey propone recuperar diversos conceptos del espacio, uno de ellos de Lefebvre del tiempo concebido en tres dimensiones: el tiempo experimentado en prácticas materiales espaciales, el tiempo representado en significaciones, saberes, en el sentido común, en las arquitecturas y geografías y el tiempo imaginado en las invenciones mentales. Si caracterizamos esta tipología según la propuesta estética de Jarmusch, vemos que:

a) El espacio experimentado se nos presenta en el film como la vivencia de un lugar (el “estar” del que hablamos anteriormente) de manera cíclica: los desplazamientos del personaje ya dentro del barrio -de su casa a la casa del vecino y viceversa- como así también los del barrio hacia la casa de sus ex parejas, están singularmente acompañados por el tema Yekermo Sew, interpretado por Mulatu Astatke, que suena una y otra vez de manera reiterativa y mística.

b) El espacio representado se nos presenta en el film como la vivencia de un lugar (el ‚estar‛ del que hablamos anteriormente) deshistorizado: el espacio del film se reduce al barrio donde vive el personaje, a las rutas recorridas en las visitas a sus ex parejas, al bar donde se encuentra con su vecino casi sobre el final de la película y al calle de la escena final. A lo largo de todo el film, nunca hay específica referencia geográfica de dónde es que se desarrolla la trama. Incluso, hasta la dirección postal a donde llega la carta (la casa del personaje) aparece referida ambiguamente en términos de “Centro de la Ciudad”.

c) Podríamos reconocer dos dimensiones imaginarias del espacio en el film. Por un lado, el espacio de la casa del personaje como invención mental de la vida privada del personaje. La misma podría caracterizarse como una vida privada solitaria, monótona y contemplativa. Por otro, el espacio recorrido desde el barrio hacia las casas de las ex parejas como alegoría de un “viaje hacia el pasado” del personaje.

Siguiendo la misma perspectiva, teóricamente podríamos recuperar aquí algunas concepciones de Gurvitch sobre la experiencia del tiempo, que nos enriquecen el análisis cinematográfico. Recordemos que para Gurvitch las formaciones sociales se asocian con un sentido específico del tiempo. De las ocho concepciones retomadas por Harvey, en el film de Jarmusch encontramos una representación estética de:

a) Una concepción cíclica del tiempo: repitencia que va de la mano del espacio experimentado por el personaje que analizamos anteriormente, en el film se construye estéticamente con el tema Yekermo Sew, la banda de sonido que vuelve a sonar una y otra vez a lo largo de los viajes que hace para ver a sus ex parejas.

b) Una concepción engañosa del tiempo: teniendo en cuenta que el tiempo engañoso es propio de las crisis, de duración larga y lenta, esta experiencia del tiempo se construye en el film a través de planos de extensa duración y encuadres fijos. Aquel ‚estar‛ deshistorizado que se representa en el film evidencia una concepción del tiempo como engañosamente “suspendido”.

c) Una concepción errática del tiempo: forma que adquiere el tiempo de la incertidumbre, ese tiempo que transcurre lentamente en el film de manera engañosa, tiene la característica de ser errático en la medida en que además se ancla en el tiempo presente. En sintonía con la construcción estética de la dimensión imaginaria del espacio, en el que la visita a las ex parejas del personaje interpretado por Murray representan una especie de ‚viaje hacia el pasado‛ de Don Jonhston, podríamos hallar en el film esta concepción errática del tiempo. Es desde el tiempo presente del personaje (el barrio) que se viaja al tiempo pasado (las casas de las ex parejas).

Si tal como nos aporta Harvey, tiempo y espacio son un lenguaje que no pueden comprenderse independientemente de la acción social de un sujeto, representado en este caso por las acciones del personaje principal del film, podríamos decir entonces que en la película podemos encontrar pistas para pensar que en la experiencia contemporánea tiempo y espacio parecieran comprimirse, al menos, de la siguiente manera:

La dimensión espacial experimentada por el sujeto posmoderno transcurre en un tiempo que es vivido cíclicamente.

La dimensión espacial representada por el sujeto posmoderno transcurre en un tiempo que es vivido engañosamente.

La dimensión espacial imaginada por el sujeto posmoderno transcurre en un tiempo que es vivido erráticamente.

En las primeras páginas de este escrito mencionamos que en la época contemporánea se produce una disociación entre espacio y tiempo objetivos y la forma en que subjetivamente los experimentamos. Siguiendo finalmente la argumentación del autor que hemos tomado como base teórica de este escrito, con el posmodernismo esa disociación toma la forma de un tiempo y espacio comprimidos. Desde el prisma de Harvey, asistimos a una fase de comprensión espacio-temporal, que ha generado un impacto desorientador en todas las esferas de la vida social: en la cultura, la economía, las relaciones de poder y la vida política.

El “estar aquí” del sujeto contemporáneo, representado para nosotros por el personaje que interpreta Bill Murray, se ancla en un espacio y tiempo que se comprimen –al menos- de la manera que hemos señalado. Al punto tal, de dar la ilusión de borramiento o disolución espacio-temporal: el gesto impávido del actor a lo largo de toda la película capaz de dar cuenta de ese impacto desorientador del que nos habla Harvey no dice otra cosa. La actitud contemplativa del personaje tiene mucho más que ver con una incomprensión del mundo que se vive que con un mero acto de expectación pasiva ante la realidad.

El tiempo presente se le presenta entonces al protagonista del film, entendido como representación estética del sujeto posmoderno para nosotros en este análisis, en definitiva como un espacio-tiempo incomprensibles y por tanto, incomunicables: imposibles de ser narrados, compartidos. La escena final en que Don Jonhston se halla parado en el medio de un cruce de calles sin saber qué camino tomar, bien nos sirve para pensar en la encrucijada que supone la incomprensión del vivir diario, volátil y transitorio de nuestra contemporaneidad. En este sentido, ya Walter Benjamin en “El narrador” (1936) había referido a la experiencia de los soldados que regresan de la guerra: “¿No se notó acaso que la gente volvía enmudecida del campo de batalla? En lugar de retornar ricos en experiencias comunicables, volvían empobrecidos”, escribía por entonces.

La reflexión final del protagonista “el pasado no existe/ eso lo sé/ el futuro aún no está aquí sea lo que sea/ así que lo único que hay es esto / el presente”, parecen darle una forma estética lo suficientemente sintética como para ayudarnos a comprender que en la posmodernidad la experiencia del mundo al mismo instante en que se realiza, parece disolverse como flores rotas.

OBRAS REFERIDAS

ADORNO, T. – HORKHEIMER, M. Dialéctica del Iluminismo (1947). Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1969.

BENJAMIN, W. ‚El narrador‛ (1936). En: Iluminaciones IV. Buenos Aires, Aguilar, 2011. Trad. Roberto Platt.

HARVEY, D. (1995) «From space to place and back again: reflections on the condition of postmodernity» en Jon Bird et al. ed. Mapping the futures: local cultures, global change. Routledge. London and New York. Trad. Silvina Berti.

HARVEY, D. (1998) ‚La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural‛, Editorial Amorrortu, Buenos Aires.