Sobre la calle Echeverría entre Sarmiento y República del Líbano hay un lugar donde la mujer tunuyanina  que entra no es la misma que sale. Escondido, entre pliegues de éste argumento, aparece un nombre.

Raquel

Raquel es una escultora cuya obra, -en tiempo real-, percibe como se enriquece el aspecto en la belleza de cualquier mujer. Y ejercer con destreza una virtud le ha permitido peinar a todas las reinas que la memoria pueda desplegar en cualquier momento. Y en esa búsqueda de la perfección, en un oficio tan exclusivo como la peluquería, o para decirlo -con los fonemas del francés- un oficio como le coiffeur, le ha permitido ser convocada a participar en eventos en el Teatro Colón (capital federal); en Villa General Belgrano (Cordoba); en Chile, en numerosos eventos ambientados con velas; en La Rural en Buenos Aires y en todas las vendimias de Tunuyán.

Raquel 3Su semblanza es, –acaso como el amanecer crecido entre sus ojos, que se ríen; como si supieran el instante inscripto en su propia belleza; que es también la belleza de todas las mujeres. Y Raquel tendrá la compleja tarea de continuar embelleciendo-, con sus propias manos que desconocen –ex profeso- el paso del tiempo, tal vez porque saben que estamos naciendo a cada rato.

Sus trofeos son cuatro reinas nacionales; que fueron peinadas por Raquel antes de ser elegidas entre los fuegos imponentes del Frank Romero Day. Mirta Cordino, Mary Sebastianelli, Nora Stocco y Marcela Gaua.

Raquel reconoce que sus esfuerzos siempre explican la otra cara del universo; acaso como la bondad; que siempre es rescatada por la belleza; la que Raquel se empeña –con destreza- en enriquecer.