Obituario

Los ojos azules en el rostro de Néstor De León están brillantes, son brillantes. Parecen un cielo adentro del mar. Es temprano. Casi madrugada. El ojo naranja atrás del río esta , de a poco, iluminando las cosas. Nestor de Leon se ha quitado de la memoria el traje de doctor, masajista y terapeuta para colocarse botas, protectores, casco y antiparras.

Los cerros verán apenas un movimiento tibio como una brisa. El grupo de motoqueros es difuso, el sonido ronronea y-exultación tras exultación se mueven entre el soplido que hacen los vientos. Desde lejos se alcanza a ver, entre la tierra suspendida en el aire, a siete pilotos arriba de sus caballos, cuya fuerza proviene de una serie de explosiones promovidas por un motor. Los caballos tienen dos ruedas.

Adentro de los trajes cualquiera puede ser el otro. La carrera, sin la esperanza de un premio, ha comenzado o acaso sea la continuación de las que suceden ahora. Néstor De León es alegre. Está alegre como su permanente gracia. Durante toda su vida guardó la voluntad de sonreír y aquella tarde no fue la excepción.

De pronto, luego de un salto, un piloto se cae. Se oyen gritos que trasladan preocupación. Néstor de León detiene su moto, la tira como quien revolea una piedra en un lago; sobre la tierra suelta, y sacándose el casco –barranca abajo- cruza unos matorrales de palo santo.

–         Te duele acá

–         Ay ay ay ay

–         No te movás, te has quebrado

 

Los instantes se suceden –cautelosos- como un silencio. Néstor de León lo ha entablillado con más improvisación que velocidad, y todos ahora; están burlándose del quebrado.

Las risas son sonoras y exageradas. El rostro transpirado de Néstor de León está cubierto de tierra; la barba corta y entrecana rodeando la boca que sonríe; le refleja un estado de apacible tibieza. Acaso el propósito de su vida está concentrado ahí, en aquel instante. Eterno mientras duró.

 

Hoy, en Tunuyán, los pilotos de moto cross se concentran en un lugar preciso. Han hecho un quincho allí y lo han bautizado con tu nombre:

“Néstor De León”; Algo habrás hecho para merecerlo.

Y si hoy has vuelto en un solo frágil minuto, como una flor de tiempo, es para contagiarnos con esa estridente risa tuya que todos escondemos en la memoria.

 

image

Néstor de León