Jacques Ranciere en su trabajo, “El hilo perdido, Ensayos de la ficción moderna”, en el capítulo titulado, “La mentira de Marlow”, hace alusión al protagonista de “Corazón en tinieblas”, la novela de Joseph Conrad que describe el mundo de los traficantes de marfil en el Congo; donde el trafico de nativos africanos, convertidos en esclavos era un hecho tan frecuente como la existencia de elefantes. En ése capítulo realiza un breve comentario de otra novela de Conrad titulada “Nostromo”.
Ranciere dice: “Nostromo construye una multiplicidad de círculos que vienen a cortar y a ampliar el circulo inicial de un acontecimiento caricaturesco, -una revolución de coroneles en una república sudamericana, -percibido en primer lugar a través de las variaciones de los ruidos y de los efectos de luz que el motín de afuera provoca en el interior de un restaurante bien parapetado. Cada uno de esos círculos sirve para introducir la historia de nuevos personales implicados en la situación. Pero cada una de esas historias sólo se confirma así misma por al singularidad de una visión y de un ruido.

 

Así, la decisión del joven Carlos Gould de retomar la mima cuya plata está en el centro de la historia confirma por haber sido tomada en un camino toscano en la hora de la tarde (…), al son de una campana cuyo tañido delgado y vivo, parece hacer vibrar en el aire el palpitar de la puesta de sol. Y el desarrollo de las actividades de la mina es incluso evocado a través de la mirada que se detiene a la hora del relevo, en los muchachos indios perezosamente tumbados a lo largo de la línea de vagones vacíos, en los cerneadores y rompedores de material que se ponen en cuclillas y fuman largos cigarros (pag. 46, ranciere).
Sabemos que Conrad, lector ávido de Flaubert, utiliza el realismo para describir los caracteres de la acción detenida; y en Nostromo esa acción la ubica en Sulaco, en la época de la dominación española. En ésta república ficticia, hay un puerto, hay tráfico amplio de pieles. Los conquistadores usan galeones. En el golfo Placido hay unas montañas.

“La gente ordinaria de las cercanías, peones de estancias, vaqueros de las llanuras, indios mansos que acuden al mercado desde muchas millas con caña de azúcar o con una cesta de maíz para venderlos por unos cuántos centavos; saben bien que en los hondos precipicios, abiertos en las rocas, se ocultan montones de oro brillante” (Conrad, Nostromo).


Nostromo, uno de los personajes, aparece presentado en una circunstancia, valorada como providencial porque estaba cerca de unos trabajadores italianos importados para las obras del ferrocarril.
Si bien el argumento de Conrad no es el foco de nuestro interés; sí lo es el escenario que utiliza para su narración. Utiliza la dominación española; la época colonial y seguramente está ubicado en las minas de Zacatecas en Mexico, donde los nativos fueron brutalmente esclavizados para extraer oro y plata.
Si bien la novela está publicada en 1909, el hecho que describe, es de las prácticas laborales de los nativos como trabajadores mineros; bajo el régimen de trabajo asalariado forzado. Ésto nos conduce a la historia de los habitantes del territorio de Mendoza; porque en el siglo XVI, XVII y XVIII los conquistadores que avanzaron desde Chile sobre los nativos; los despojaron de sus tierras y luego los sometieron al pago de tributos mediante la servidumbre; -normas de la corona-; la encomienda y la acción de la iglesia que da inicio a la distintas formas que adoptó la dominación colonial en éste rincón periférico del imperio español.
En el Valle de de Uco en 1563, a Diego Velazco se le encomendaron cinco caciques. Debían aportar tributos con especias. El servicio que debían prestar al encomendero adquirió dos formas: la mita, el “turno”; quiere decir que el cacique le debía proveer al encomendero un tercio anual de los varones de 14 a 50 años para ejercer el trabajo que se le diera.

Los mitayos se trasladaban a Chile donde se los alquilaba para trabajar a cambio de oro, plata, yeguas o cultivos.
Las “yanaconas” era la otra forma. Se trataba de nativos y nativas que prestaban servicio doméstico en la casa o en las propiedades del encomendero.

Nativos de Arauco y Perú comenzaron a establecer contratos libres; se los llamó forasteros. Fue una masa de nativos que integró esa sociedad.


A principios del siglo XVII en el Valle de Uco comenzaron a conceder mercedes reales a grandes estancieros por las pasturas de las tierras para la cría de ganado.
A principios del siglo XVIII vivían en una franja fronteriza Chiquillanes, Pampas y españoles. Época de ataques de nativos. La agricultura. Incipiente comercio de frutos de la tierra. En el siglo XVIII había familias nobles; y los hijos de los mestizos, -es decir-, plebeyos. Idealización del antepasado que luchó por el rey.

Ejemplo para ilustrar. El análisis de los matrimonios de esa época en Mendoza. Españoles y mestizos, que se casaban entre ellos, se anotaban en un mismo libro. Pero los nativos, -de acá-, y los nativos que trajeron de África (esclavos negros); se anotaban en libro separado.
Los nativos peones atados a un amo. El caballo como medio de movilidad. La carreta tirada por bueyes son las imagenes de ésa época en éstos territorios.
En 1776 se integró al antiguo corregimiento de Cuyo el nuevo Virreynato del río de la plata. Habrá apertura económica.


En 1770 se construyó el fuerte San Carlos por los reiterados ataques de los nativos.
Igual que en la novela de Conrad, -Nostromo-, o como los nativos que fueron mineros en Cerro Rico bajo la dominación española; nuestras tradiciones locales son análogas a toda la historia latinoamericana.

Una historia de dominación colonial.