I

 

Romance en la loma de los Burros

 

En 1988 se publicó en Tunuyán un libro cuyo título en la tapa dice: “Valle de Uco 1° Antología Poética”; veintiséis años después, en 2014, se publicó en el lugar, otro libro cuyo titulo en la tapa dice: “Learte, siete martes siete”.

Amos comparten algunas similitudes. Son poesías en su mayoría y en menor proporción hay –en ambos libros- algunos relatos breves. Son varios los autores que componen el grupo de escritores que han publicado algunas de sus obras de literatura.

learte3También en ambos libros hay ilustraciones, es decir, las imágenes son parte de la publicación.

Sabemos, por Jacques Ranciere, que existen nuevas maneras de pensar el arte y sus temas y que la literatura constituye una cierta sintomatología de la sociedad y opone esta sintomatología a los gritos y a las ficciones de la escena pública.

Por lo tanto, queremos preguntarle a estas dos publicaciones, a sus poesías, a sus relatos, si por las características de su construcción pueden identificarse con el régimen estético o con el régimen de representación.

En el régimen de la representación el órden es establecido por el sistema de las bellas artes. En el régimen estético el orden está en los síntomas de una época, -una sociedad o una civilización-, descrita en los detalles ínfimos de la vida corriente; explicada a través de las capas subterráneas de su superficie. (División de los Sensible, pag. 11).

En el libro 1988, el primer poema titulado “Romance en la Loma de los Burros” está construido en cuarenta estrofas, de cuatro versos cada una.

Su tema de es la representación del relato en primera persona, de un habitante que cruzará la cordillera a caballo; en un lugar preciso, “La Loma de los Burros”, encuentra congelados los cuerpos de unos arrieros; con ayuda de la policía y de los soldados, los colocan en ataúdes y los entierran en un cementerio chileno.

Si intentamos una caracterización aparece la épica narrativa. Se narraban hazañas. Poemas homéricos; daban lugar a la mitología. El poeta y el narrador son primero personajes de ficción. El conjunto de poemas épicos conformaba la epopeya o la gesta, como estaba en verso participaba en alguna medida de la lirica.

El tema que representa el poema, “Romance en la Loma de los Burros”, es un encadenamiento de acciones.

 

En la Estrofa 25, el autor escribe:

 

“Bajamos con las mulas

Por el bravo ventisquero.

Para llegar despacito

A ese lugar tan fiero”

 

Estas maneras de construir la ficción del poema están cerca del paradigma cuya base es el sistema normativo de las bellas artes. Aristóteles estipuló las normas de la poética. El tema elegido para armar el poema, “la inventio” clásica es –ante todo- una representación de hombres que actúan. Un ordenamiento de acciones.

 

En la estrofa  26, el autor escribe:

 

“Doscientos metro abajo,

Sobre las faldas del cerro.

Se me congeló la sangre

Ví esparcidos los cuerpos”

 

En la estrofa, 33:

 

“Policías y soldados

Tras largos muros de acero,

Fueron sacando de a poco,

Los restos de los arrieros.”

 

 

Entonces podemos entender que en éste poema, hay una cierta idea de las de las relaciones entre las palabras y la acción- Ésta idea es próxima al paradigma que configuró Aristóteles en su libro Poética.

El sistema de Bellas Artes, o la poética de la representación, se basa en cuatro principios, el poema es una historia, y su valor o su ausencia de valor es la concepción de esa historia; entonces éste primer principio presupone un segundo aspecto que es un espacio y un tiempo donde la ficción se aprecie como tal.

El otro principio es que ésta ficción tiene que ser conforme a un género. Epopeya, satira, tragedia o comedia; y éste género está ligado a la naturaleza de lo que representa.

Entonces la ficción pertenece a un género; éste se define por el tema representado. A su vez, el tema define –en una escala de valores- la jerarquía del género.

Ahora, bien; existen dos tipos de gente y acciones que se eligen para representar. Grandes y pequeños. Espíritus nobles y espíritus comunes.

La “elocutio” que es el discurso ornamentado, le otorga al poema su condición de ser verosímil. En el edificio de la representación el lenguaje debe someterse a la ficción, el género al tema y el estilo a los personajes y situaciones representadas. Esta ley reposa en una igualdad entre el autor, su personaje y el espectador. Tal relación depende de un último principio que es la primacía de la palabra en acto.

El autor de éste primer poema publicado en 1988, respeta el armado clásico de la acción dramática. La dispositio, que organiza las partes del poema, -introducción, nudo y desenlace- se ilustra en las siguientes estrofas:

 

Estrofa 36 y 38

 

“Después a tranco parejo,

Sortendo el ventisquero,

Al cementerio Chileno

Fuimos a dejar los restos,

 

“Llegaron a Tunuyán,

Con notas de un tiempo muerto,

Bajando al cementerio

Con el arreo franquero”

 

Éste poema, -nos parece-, más cerca de las características del sistema de Bellas Artes, de la poética representativa porque su forma está determinada por el contenido y éste es una mímesis, una representación de una ficción. Y la ficción, según éste paradigma es un encadenamiento de acciones vinculadas por la necesidad o la verosimilitud.

 

 

II

 

Los canaritos flacos de éste otoño

 

En 2014, un grupo de escritores, que se reunían en bares, los días martes, publica el libro “Siete, martes, siete”.

Éste grupo o –como dice el prólogo, éste colectivo de autores de Valle de Uco, se llama Learte.

En la solapa de la publicación, hay una especie de manifiesto; las primeras páginas son para el prologo; y para la opinión de un lector de prueba.

Para llegar a lo que será el primer poema hay que atravesar una narración policial, que combina diversas tipografías y algunos elementos de la historieta.

El primer poema pertenece a Santiago Omar Alonso; esto lo sabemos por el índice ya que el poema, a diferencia del anterior, no está firmado.

En éste poema, -que no tiene título-, podemos observar que su construcción se opone a la poética representativa, ya que la indiferencia respecto del contenido; se hace evidente desde el inicio.

 

 

“Satisfechó sus miedos

Y se fue,

Calle al norte,

Blanquinegra

De repente y despacito con la tarde,

Abrilada y sin abrigo,

De donde va y a donde viene ella no sabe,

Pero vane,

Y siempre está vaniendo.”

 

Por sus características, éste poema parece dar cuenta del desplazamiento del régimen estético de representación. De la poética de la representación a la poética de la expresión.

Los cuatro principios que animaban la poética de la representación; en ésta nueva poesía se invierten.

Al primado de la ficción se opone el primado del lenguaje. A la distribución de la ficción en géneros se opone la igualdad de todos los temas representados. Al principio de la conveniencia (elocutio, discurso ornamentado) se opone la indiferencia del estilo respecto del tema representado. Al ideal de la palabra en acto se opone el modelo de escritura.

La palabra viva es la palabra dirigida de la representación. Frente a esa palabra elocuente, pero atrapada en un régimen de distribución dominante; se exhibe una palabra muda. En éste régimen estético, una palabra muda está dirigida a todos y a ninguno. Y no está orientada ni encerrada en un dispositivo controlado de circulación.

Este cambio de paradigma significa la transformación del sentido de la escritura; la inclusión de nuevas modalidades y nuevos géneros de la escritura literaria.

Ahora bien, éste poema, que apareció publicado en 2014, cuyo autor Santiago Alonso-, es integrante del colectivo de escritores, Learte; encargados de la publicación del libro; tiene condensado en las palabras que lo construyen una idea de la escritura. Vamos a preguntarle a éste poema y a las palabras que lo han construido ¿A qué idea del pensamiento le corresponde ésta idea de la escritura?

Sabemos por Ranciere, que la escritura no significa sólo una forma de manifestación de la palabra.

Significa una idea de la palabra y de su fuerza intrínseca.

En el órden representativo clásico, esa palabra “viviente” está identificada con la “gran” palabra que hace actos. La palabra viviente del orador que conmueve y persuade, que anima. También es así, concebida la palabra del héroe trágico que va hasta el límite de sus voluntades y sus pasiones. A esta palabra viviente que normativizaba el orden representativo; la revolución estética le opone el modo de una palabra que le corresponde, el modo contradictorio de una palabra que habla y calla a la vez, que sabe y no sabe lo que dice. Le opone, entonces, la escritura.

Y sigue el poema de Alonso.

 

“La tristeza,

Demasiado se parece a esa manito,

Estirada como noche a su moneda,

A las vidrionochesniloverdeespera

De karnak,

Pero ahoranuncaabril es Tunuyán,

Y es tan calle y tan larga y amarilla que da pena”

Continuará….