Juan Bautista Crayon debe haber llegado en un barco desde Italia a fines del siglo 19. Por razones de parentesco se detuvo en Montevideo. Tales parientes que él consideró un primer refugio se volvieron un «maltrato». Y por esa razón y por azar, Buenos Aires se convitió en un destino.

Los canales de desagüe de Buenos Aires, que quienes hayan ido a Mar del Plata por la ruta «2», habrán visto -«canal uno», «canal dos»; y ¿cómo se hacían?

Se hacía a pala y era un trabajo duro que ejecutaban los presos de aquellos años de principios de siglo.
Y ahí vino a trabajar el joven Juan Bautista Crayon, -de unos 18 años de edad; y cuyo talento para dar órdenes lo convirtió en capataz de uno de aquellos grupos. Otro capataz que hacía el mismo trabajo fue Carlos Silvestri. Ahí se conocen y advierten, -luego conversar-, que provienen de la misma Italia, de unos pueblos cercanos y se vienen a conocer justo ahí, tan lejos de su tierra pero tan cerca, a la misma vez, de la esperanza y de una misma manera de mirar el mundo.
Un tiempo de trabajo y de ahorros los condujo a hasta la moderna Mendoza a ponerse una empresa constructora. Una sociedad de hecho. Hacen infinidades de obras.

La línea de alta tensión que viene de Cacheuta a la Ciudad de Mendoza, específicamente en la calle Morón y San Martín porque allí estaba la Estación de los Tranvías.

La empresa también colocó las vías de los tranvías. Empezaron a desarrollar caminos, diques, puentes, los denominados carriles, los de Maipú a Mendoza, los de Mendoza a Lujan, y tantos otros.
Ambos fueron tuvieron por escuela «la calle» y ambos tuvieron una formación «autodidacta». La anécdota de cuándo llegó el tiempo de hacer familia explica por sí sola el «porque» el destino los unió aún más.

 

Carlos Silvestri se casó con María Portalupi. En el casamiento, su socio, Juan Bautista Crayón conoció a la hermana de la novia, Candida Portalupi, y así fue que los dos socios se convirtieron en concuñados.

Su fortuna crecía porque era una de las empresas constructoras más grandes de Mendoza. En 1914 compran la finca de la primavera, 975 hectáreas.
De aquella propiedad, cuándo se muere Carlos Silvestri y después en 1945 Juan Bautista Crayon se separa parte de la finca y la empresa constructora quedan para la parte de Crayon y el resto para Silvestri.

En 1926 se constituyen como sociedad anomima. Carlos Silvestri y Juan Bautista Crayon viajaban mucho. De hecho, Juan Bautista tiene sus dos hijos, Juan Pedro y Rosas Crayon que viajan a Italia para que los conozca su madre, quién se negó toda la vida en subirse a un barco para viajar a América.

En uno de los tantos viajes Silvestri se interesa por el cultivo de Peras y Manzanas y ahí trae los primeros frutales de Europa.
Y -como todo visionario-, contrata un injertador, el francés Lescours. Eso explica porque en el Barrio Belgrano, -que es un loteo de Najul que data de 1966- hay una calle Silvestri y otra denominada Lescous, -un injertador- cuyo oficio abrió un negocio para ésta zona muchos años después.
Entonces, en la primavera, había una finca que producía al principio los productos de un tambo; y después van a plantar hectáreas de manzanas y peras. Van a construir un frigorífico, que funcionaba con un compresor, con una cámara con capacidad para 8000 cajas de fruta de 20 kilos cada una y al lado, harían otra cámara que funcionaba con frío natural, ¿cómo?.

Se cargaba la cámara y durante la noche se abrían las puertas y las ventanas, y a la mañana se cerraban otra vez. Era un sistema con paredes aisladas pero bastante rudimentario. El estivar era a mano y no había maquinas de clasificar fruta tal como se afirma algunas investigaciones.

El casco de la propiedad era esa inmensa casa que aún está sobre la calle Calderon, -frente a la propiedad de Lindor Garcia, (la casa era de un tal Pujade fue hecha antes del siglo 20).

La empresa Silvestri Crayon S.A. duró hasta 1959. Y entre 1926 y 1940, es cuándo hicieron más actividades, -paulatinamente- el trabajo del tambo fue quedando rezagado para dar paso a la producción de frutas.

La fruta se trabajaba en catres, es decir, un trabajador en una especie de herradura las clasificaba a mano por tamaño. El frigorífico fue hecho en 1938. Tenían aserradero y -por supuesto-, el arroyo Claro que se lo repartían entre los muy pocos que habían, -Calderon, Silvestri y Crayón, y algun otro propietario más-, lo que aseguraba la infalibilidad de la producción de frutas, que era raleada y curada «con arseniato de plomo», -una sustancia que hoy en día -por suerte- ya no se usa.
Manzanas «Jonhatan», Pera «San German» y «Aremberg» fueron algunas de esas primeras clasificaciones de frutas injertadas.

En síntesis, la calle es Juan Bautista Crayón que antes se llamaba Vicente Zapata, y era la misma que salía por Alco.