No creo que Doña Rosa sepa –a vuelo de pájaro- quién es Carlos Solari. Conocido como “el Indio” por el público “wé-wé”, (habitantes que no se conocen entre sí pero que conversan con el silbido -cada noche- y se han conmovido con algún concierto de Patricio Rey, con alguna frase del Indio, con alguna anécdota, con algún Riff).

redondosDiremos que Carlos Solari se convirtió en el Indio Solari cuándo formó -dupla compositiva con Sckay Belinson- y germinó, -como los nervios de un viaje-, Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Banda de rock que comenzó a girar en 1979 por los bares menos conocidos de Buenos Aires y La Plata. En 1984 registran su albún debut “Gulp”. Lo siguieron: Oktubre, Un baión para el ojo idiota, Bang Bang estás liquidado, La Mosca y la Sopa, Lobo Suelto Cordero Atado, (disco que inaugura en los Redondos el concierto de rock de Estadio); lo presentaron en la Cancha de Huracan, con mucha convocatoria. Siguió Luzbelito, el Último Bondi a Finisterre, (entra Hernan Aramberri y le mete soniditos como que habían), luego Momo Sampler, -donde el concepto equilibrado de sonidos digitales deja una impresión muy agradable en al oído-. Motivos y consideraciones a parte, el año 2000, en Córdoba se presentaron por última vez. Dando inicio a una carrera solista digna de desmenuzar.

Comienzo por lo más obvio, sus tres discos. El Tesoro de los Inocentes, Porco Rex y el Perfume de la Tempestad. En las tres producciones se advierte un enorme esfuerzo y muchas horas de trabajo; tal como lo confesó en una entrevista “el artista está full-time preocupado por comprender las emociones que se manejan en el mundo y  conmoverse, para luego generar un hecho artístico”.

Desmenuzo –sintéticamente- su último trabajo, que ilustra éste argumento. Son doce canciones, 12 “soundtracks”. El arte -de tapa y sus ilustraciones interiores- está hecho por el Indio, que en los créditos se llama “Caballo Loco”, dicho sea de paso, hace Voces, Teclados y Ruidos. El Perfume de la Tempestad comienza con sonidos de cerdos aludiendo a la finalización de Porco Rex, su anterior disco. La primer canción “Todos a los Botes” parece una recomendación; unamos voluntades porque hay “colosos que nos sentencian a flotar en venenos siniestros”. La segunda canción “No es Dios todo lo que reluce”, tiene escondida una vibración conmovedora en la frase “Voy a bailar llorando sobre mis propios huesos, voy a cambiar de estrella cantando”.

indio 2La tercer canción “Ceremonia durante la tormenta” como una premonición pide a “Dios que envíe la Tormenta yá”. La cuarta canción “Torito es muerto”, parece una crónica en clave lunfardo (la última teca fue para el fierro, va montado en su veneno, moda alocada y el toco en su sillón, que pillo dulce, que bandolerito dulce). La quinta canción es una hermosa metáfora de algo horrible “Satelital”; alude a la decapitación televisada, (se me ocurre Sadam Huseim), porque la frase “Degollarán unos embozados por la TV de los decapitados sin perdonar”, deja un horizonte orientado a esa dirección. La sexta canción “Chante Noire” es una pregunta existencial “Qué pasa en mi nube hoy”. La séptima (mi preferida del disco) es “Vino Mariani” en un mundo de plateas, el culo que valés es tu secreto una vez más. La octaba “zzzzzzzzz”, (se llama así), tiene metáforas en un escenario del porvenir, como un futuro apocalíptico, “el mono extraviado que sos, cronofármacos para tus juegos y el pescado aún sin vender”. La octava canción “El tábano en la oreja” es una gran reflexión sobre alguien que arranca feliz y termina perdido por el black-jack (con tu nariz ligera sin secar). La novena canción “Submarino soluble”, parece un rezo, al cuerpo como si fuera una nave, que se deteriora, que no hace caso y termina elevando el argumento de la divinidad que opera en nosotros, “adivino que veo un campo soleado en mí”. La décima canción “Black Russian” es una historia de amor, “tu belleza llegó dulcemente hasta mí”. “Una rata muerta en los geranios” es la última canción.  En la letra está el título del disco y la frase que le procura gran belleza al tema es “cuándo vas de un silencio a otro cubriendo tus ojos con mi soledad”.

Los dibujos son fotografías que han sido trabajadas digitalmente. Finaliza el libro, donde vienen las letras, con algunas citas. Una de Antonain Artaud “Tengo vergüenza de ocupar un lugar en un mundo donde la comodidad está hecha de compromisos”, otra de Javier Villafañe, el gran titiritero; y para finalizar hay una frase popular, que dice “Cuando el chucho canta, el Indio muere, no será cierto pero sucede”.

Me apresuro en manifestar que el Indio Solari es un poeta, además de todo lo demás, y si sentimos conmoción cuándo Spinetta se hizo invisible, cuando muera el Indio, cuándo Carlos el Indio Solari mire las flores desde abajo, no se qué va a ser de nosotros.