Si alguién caminara entre 1950 y 1960 por el centro de la ciudad de Tunuyán; vería inmediatamente que un niño se le acerca y se le ofrece como guía turístico.

Lo llevaría desde la terminal de omnibus por la calle San Martín y le diría: -Seguramente- que algún día esa terminal será trasladada unas cuatro cuadras hacia el este; y tendrán que abrir una calle pero por ahora está acá, sobre la Calle San Martín.
El niño mirará a su izquierda y con una sonrisa ancha le dirá a su interlocutor que ahí está el cine Tunuyán, y que los días martes pasan «Tarzán», una serie que ningún joven se pierde. Pegado al cine hay un hotel y al lado, un bar, que será conocido muchos años después como «el retorno». Al lado la farmacia Tunuyán, de Don Rúfulo, que luego será de Valladares-Carán, que eran socios y ambos estaban casados con la Nena y la Chicha Amieva, hijas de Don Prudencio Vidal Amieva.
El niño seguirá caminando y se sorprenderá porque al lado de la farmacia existe un enorme galpón. El le dirá, sacando pecho, – acá es la Jhon A. Walker. La ford. La que le vende a los ricos todos sus autos, sus camionetas y que también es un taller de pintura.

El niño seguirá caminando y pasará por la juguetería de Perez-Pastor. Y cuándo llegue a la esquina, dirá:

  • éste lugar, toda ésta esquina era de los Satur. De doña Barbara Satur que vendía azúcar y que se casó con un Fadel, con quien tuvo a la Norma, la mamá del pirincho Aruani. A Abudi, que se casó con la hija de don Gregorio Merino que tenía una estación de servicio al otro lado de la terminal. La esposa de Don Gregorio era maestra de la escuela nacional, ahí en la calle Melchor Villanueva. Jorge Fadel era el otro hermano que se casó con una Hisa, y de ellos nacieron, la Pety y la Gorda Fadel.  Abdo y Merino tuvieron dos hijos, Patricia y Alejandro.

El niño dirá también que en esa esquina funcionó la tienda más famosa de la región, por sus enormes dimensiones: tienda «La princesa».

 

Segunda parte

 

Tal vez el caminante le diga al niño que quiere ir desde la terminal hacia el norte. El niño, -seguramente-, le nombrará a Don Julio Amaya, que tenía al lado de la terminal un salón donde lustraban zapatos. El niño le dirá que Gregorio Merino tiene ahí una estación de servicio, Y por supuesto, al lado está el restaurant donde todos los que andan de paso se detienen a comer.

El primer dueño fue Guillermo Morsucci, quién de palabra se lo dio para que lo trabaje a Agapito Hurtado, que había nacido en 1910 y que se había casado con Elsa Estela Pelletan, que había nacido en 1917.  Tenemos que decir que, Margarita Hurtado fue la madre de Agapito y de Justo Hurtado. Ambos hermanos heredaron el apellido de su madre.

Agapito emprendió la tarea de trabajar el restaurant, que se ve en la imagen, que quedaba en lo que hoy es San Martín y Brandsen.

 

Tercera parte

 

Tal vez el niño quiera cruzar la calle San Martín desde la terminal con su interlocutor. Si así fuera, lo primero que encontraría sería la tienda de los Said, cuyo edificio aún hoy se mantiene en la esquina de San Martín y Pellegrini.
Seguramente si caminamos por Pellegrini pasando la tienda, el niño nos mostrará la casa de la familia Alcalde y al lado el depósito enorme de esa gran ferretería que era «casa alcalde»; depósito donde el papá de los Galigniana era capataz.
Y si caminamos un poco más, el niño nos dirá que ahí vive Dalal Masnú, que era sastre; y en la casa de la esquina vive un tal Simón.

Si cruzamos Roca, siempre por Pellegrini hacia el oeste, encontraremos la ferretería de Pepe Zeig, que se la vendió a Ricardo de la Mota. Y al lado, nos encontraremos con la que será la escuela normal y al lado el destacamento de la policía, que al principio era gendarmería y que muchos años después supo ser»La casa del trabajador, y que hoy es una bicicletería: Piñol.
Al lado, el aserradero de Jose Guillen, cuyo capataz era Lonugro. Vecino de Anselmo Lopez a quién le gustaban los naipes y los dados.