El nombre Humberto Abrego no puede encerrar la magnitud de la persona que luce ese nombre.

abrego2Y no quiero centrar la atención en su labor, estilista del parque Lombardia, sino en el brillo que contagia con la mirada cuando elige las palabras que van a referir la relación que mantiene, cada dia, con todas las flores y los arboles de aquel pulmón del río Tunuyán, bautizado en honor a un distrito de Italia, como Parque Lombardia.

Humberto Abrego nos aclara, -como un primer golpe en la mandíbula-, que Santiago Ortubia  es también parte del equipo cuya responsabilidad es mantener y embellecer el Parque Lombardia.

Recordemos que el Parque Lomardia fue una idea que germino hace 14 primaveras y que, desde esa época Humberto Abrego, nos ha cambiado el régimen de sensibilidad porque la estética del lugar ha cambiado, ha evolucionado hacia la belleza.

El hombre, cuyo dialogo torrentoso, acaso como el río que discurre sin urgencia a su lado, ha inventado una forma de arte cuya utilidad, según explica, es que los chicos no toquen las flores. Se trata de esculturas, hechas con ramas extensas de rosas silvestres, y así encontramos al lado del monumento de los caídos en Malvinas, un burro, frente al bebedero una jirafa, en la entrada, un asiento de rey, hecho de un Sauce eléctrico.

A menudo pienso que los seres que están destinados ha habitar ese espacio invisible que es el trabajo, y allí se toman el tiempo que no tienen para declarar su pasión, cuyo único propósito es embellecer la realidad, son una metáfora en nuestra vida cotidiana.

Humberto Abrego y también Santiago Ortubia constituyen esa metáfora que explica la otra cara del universo.