El tiempo

 

 

El año 1972 iba a tener entre sus doce lunas una montonera de hechos para recordar. El camino que prefirieron, -en su momento-, algunas intenciones se convirtió rápidamente en una huella de causas y propósitos.

Tal como esa idea que anuncia que el camino es un todo; lo que sabe, lo revelado, y también su sombra; aquí hay un poco de eso.

En aquella edad del mundo una mujer hermosa que tenía menos de veinte y podía presumir de ser sirvienta de un doctor, y –además-, su amante, por el mismo salario; era una parte del camino. Y guardaba algunas de las brújulas en el horizonte de los próximos pasos.

Así; el camino –como un todo-, se completaba con el entrelazamiento de los escalofríos mientras los amantes gritaban.

Más tarde cuando las noches cumplieron con sus tiempos y las mareas de la mestruación se aquietaron y algo creció con violencia en el vientre; se iniciaron las otras partes del todo, y una montonera de hechos comenzaron a suceder.

 

 

Zulema

 

La hamaca está barnizada. Su marrón caoba es tan cortés a la vista, que pareciera acentuar el carácter amable de su dueña. En sus manos los anillos están muy acostumbrados a mostrarse dóciles, acaso como todas las “gentes” que ella señala con los dedos.

Zulema es solterona y culta. El pasillo de la casa donde vive es alargado como la sobra gótica que adentro de su cabeza le quita luz a los pensamientos. Las ideas de su entendimiento, son para ella, actos de ternura.

Zulema va ordenando el rebaño de los hombres y las mujeres apenas llegan al mundo.

Las monjas en el hospital, el cirujano en la clínica, el engaño rubricado entre los papeles del juzgado, orquestados por Zulema, les confiere a los recién nacidos un arreglo sutil, ella carga con el remordimiento y, a cambio, les da la libertad de ser esclavos en otra historia.

 

Cristi

 

Con dulzura se extiende la noche sobre la tarde. Las montañas viajan en el viento y una suave lluvia, embalsamada adentro de las nubes, cae sobre el vidrio del auto.

Está estacionado frente a la clínica. Apretando el volante Gastón espera con ansiedad que suceda algo que no depende de él. A su lado Critina llora.

Gastón hace tres años que está casado con Cristina. La natural procreación de los nervios –aquella noche- se aplacaría por la llegada de un bebe. El primero. La mujer que está en la sala de parto, lejos de Cristina, sabe que el trámite de los nueve meses está llegando al fin.

Cristina llora con miedo porque tropezar con un poco de comprensión, dede ese instante y de ahora en más, sería una reacción extraña en el “otro”. En algún “otro”. Cristina siempre está habitada por algún “otro” que no conoce y que construye para existir.

 

El origen

 

La lluvia insiste en caer suavemente. La puerta del costado de la clínica se abre y se cierra. Zulema y el doctor hablan con voz baja. El denso silencio hace que el cuchicheo suene con reverberación. Discuten, pero no se alcanza oír.

Hay un desacuerdo. Son los números de algún pago. Ninguno puede admitir abiertamente que están regateando la compra de un objeto ilegal. Un objeto que ahora está llorando y que no se encuentra en cualquier almacén.