VistaEn el Hogar de ancianos de Tunuyán; ahí en el Barrio Urquiza, conocido también como la Sidrera, vive un abuelo. Don Figueroa.

Un abuelo que parece ser un manifestante de la serena sabiduría; quizá porque va a cumplir 100 años el próximo 14 de agosto y vive el hecho, con misma naturalidad de quien va al Super a comprar un poco de yerba; o tal vez ha comprendido, sin decirlo, que él y cada uno de nosotros –qué también somos él-, está debajo de todas las ilusiones destructivas.

En su mirada, poblada de amaneceres, hay “esa” quietud –que sólo conocen, -estimo-, aquellos iluminados que han advertido que el amor es su propia eternidad; es lo real, lo supremo, lo inconmensurable.

Don Figueroa nació en 1913; aquí en Tunuyán. Un año cuyo número trae consigo esa metáfora del martes 13, “no te cases ni te embarques”. Más allá de creer o nó que la superstición trae mala suerte; durante aquel año, se festejó en Argentina el centenario de la Asamblea del año 13, que abolió los elementos de tortura y posibilitó (al menos) que los nacidos  de vientre esclavo serían -a partir de ése momento – libres para elegir ellos mismos a sus amos.

En Mendoza estaban construyendo el Monumento del Cerro de la Gloria, cuyo centenario será el año próximo.

En éste Tunuyán desértico de principios de siglo crecerá dilatada en el horizonte una mirada con montañas y llanuras. Espesas, amplias, profundas, sin espacio.

La leña y la calefacción en esos tiempos -distintos- serían para (esa imagen que imaginamos que Don Figueroa fue cuando era niño) -casi tan importante- como un amanecer.

Hoy la calefacción es (para muchos) un número en un medidor.

Perón aún no frecuentaba la historia Argentina, tampoco las mujeres sabían votar; pero sí aquellos habitantes de Argentina habían estrenado la Ley Saenz Peña; donde se estipulaba que el sufragio era (por lo menos) secreto.

En estos Valles, de Tunuyán, aún no había llegado ningún médico con apellido de Hospital, y el Tiro Club estaba por ser fundado -ese año- por Don Amieva.

Muchos años después Don Ruano trabajaría en el imperio de la fruta, ayudado por muchos abuelos -Don Italo, Don Hector, los injertadores, los frutales, las manzanas amarillas.

Don Figueroa -seguramente- sería un joven de 20 años; conocedor de los atajos arriba del caballo, de los secretos de la guitarra, y también (supongo) de los trucos en la baraja.

Imagino en su memoria los mundiales por radio hasta conocer el primer héroe hecho imagen de televisión en Mario Alberto Kempes; también la tristeza de Malvinas -en la neblina de algún recuerdo-, lo conjeturo una certeza.

Don Figueroa está ciego pero su mirada está -furiosamente- viva. Su ceguera quizá se cansó de mirar, pero Don Figueroa es tu reflejo ante nuestra mirada. Y el 14 de agosto en el Asilo de Ancianos de Tunuyán festejará su propio centenario. Feliz cumpleaños Don Figueroa.