El lugar de cubil después de años de silencio.

Vivimos en un mundo cuyo arte es distribuir lugares. Lugares asignados para cada “quién”. El alumno en el pupitre. El preso en la celda. El obrero en la maquina.

Así, -sin darnos cuenta-, se establecen presencias y ausencias. En otras palabras, -se vigilan y se sancionan los comportamientos-.

A principios de la década de 2010, cubilonline.com.ar, fue un lugar donde el tiempo no estuvo controlado ni por capataces con cronómetros, ni por campanas, -ni obedecíamos por escuchar un silbato-.

Nuestros gestos, desde la respiración a la caligrafía, se empezaron a desmembrar poco a poco, como los gestos de esos soldados que, -para levantar un fusil-, hacen 10 movimientos.

Es decir, -sin advertirlo- nos fuimos transformando -en pocos años- en vidas provechosas, -engranajes obedientes- cuyas órdenes no necesitan explicación.

Un aparato de relojería, con sus disciplinas, que nos fabrican el comportamiento. Sin sospecharlo siquiera comenzamos a ser políticamente dóciles y económicamente rentables. Cuerpos útiles. Tal vez, quisimos parecernos a esos “mejores estudiantes” que se encargan de ver quien no trajo el rosario, quien tiene mal olor, o quién llega tarde.

Poco a poco nos fuimos normalizando. Había que admitirlo. No hablábamos en clase. Pagamos la cooperadora. Aceptamos -sin protestar- la elección del abanderado. Aplaudimos con euforia al empleado del mes.

Hicimos silencio porque envidiamos al mejor promedio. En ese momento, 2014, 2015, notamos que no éramos esclavos pero sí, cuerpos obedientes. Se habían reducido la cantidad de observadores y se habían aumentado la cantidad de observados. Entre los que nos encontramos, de pronto, auto-regulados porque creíamos que nos vigilaban.

Casi de manera inconsciente, le hicimos caso a ese policía que te dice, siga su camino, no hay nada que ver aquí.

Sabemos que el derecho a ver tiene un costo. Y hoy estamos dispuesto a pagarlo. Venimos después de años de silencio a tomar nuestra posición. Una posición ante las cuestiones que nos preocupan comprender.

Venimos por nuestro derecho a ver y por nuestro derecho a mostrar.

Ojalá, -nuestra nueva función- no sea la misma como en 2014.  Porque nuestra nueva función es ser imagen. Porque, -ya sabemos-, la imagen no sólo produce el placer de volverse objeto de la contemplación de otros sino su ansiedad. La ansiedad de colgar de su mirada. Tenemos la tecnología que nos permite diseñarnos en la forma en que nuestra mirada cree que seducirá a la mirada de otros.

En éste nuevo lugar donde no hay campanas ni cronómetros -tenemos la convicción que-, tanto el tiempo del recreo y el de las obligaciones, -hoy es una representación-. Somos vidrieras y miradas. Todo se publica. Pero debemos advertirles, al sacar la máscara, el rostro no es distinto que las imágenes. Redes sociales para hablar de sí y para husmear en la vida de otros. La imagen como constatación de la existencia. Los usuarios se narran. Se figuran. Y simulan sus propias representaciones.

cubilonline.com.ar,  viene a convertirse en un espacio de exhibición. Todo movimiento requiere una imagen que otorgue sentido. Sin ella, queda excluido del espacio. Bienvenides -entonces- a éste lugar donde la comunicación, es un bien común y también, -por ésta razón-, un señalamiento político.