Por Mariano Ramirez

El mítico templo del rock mendocino, ubicado en tierras de Pareditas, cerró sus puertas el viernes por la noche. Los habituales concurrentes y algunos nuevos colmaron el  espacio que le dio vida al rock y a la música del Valle de Uco y aplaudieron a rabiar ante la nostalgia anticipada del fin de los tiempos estafetarios.

Para la última noche, Iván Zotelo, dueño del lugar, eligió a Cecilia Krill contesta y su nuevo disco Soma. Los integrantes de la banda subieron al escenario alrededor de las 3 de la mañana del sábado en una noche de extrema calidez, adentro y afuera del lugar. Con fotografías de la banda de fondo, la música comenzó a sonar y los espíritus a llenarse de emociones. A mitad del show, Diego Lobos, líder de la banda invitó a convertir la sala en un ambiente de pogo, así que sacaron las mesas, incitaron a los que estaban sentados a pararse (aunque algunos no se dieron por aludidos) y saltaron al ritmo de los más conocidos temas Krilleros, culminando máquina, pedido por el público.

Cuesta pensar en un final definitivo de los espectáculos en la Estafeta, el rock perdería un lugar que no es fácil conseguir, la música valletana y mendocina tendrá que salir a patear la calle y gastar mucha suela, y la cultura en general quedará renga de una de sus tantas patas. Por eso, me permito en esta nota pensar en un cierre transitorio, en un final de ciclo. Y como si fuera creyente, diría que hay otra vida para la Estafeta, con otros ritmos y géneros artísticos.