Por primera vez, la leyenda viva más poderosa del ciclismo de los tres contenientes del Valle de Uco, estará entre las noticias de Cubil. Él –su figura o su imagen- es un testimonio sobre el artesanal oficio de curar bicicletas. Las letras que componen su nombre cuándo están sueltas sólo son figuras de un código lingüístico; pero cuando se juntan estallan como una magia humilde, atiborrada de fuegos y artificios.

manos airoldiEl “Airoldi”

El Airoldi es una voz aguda que cuando dice “a mí no me la van a venir a contar”sus pupilas miran el cielo pero los pensamientos están hundidos en un mar sin orilla. Tiene sesenta y pico años y corre todos los días más de quince kilómetros; y mantiene una sonrisa enganchada en las orejas, en el minuto a minuto, de esta ciudad.

Los movimientos del tiempo y el espacio tienen ciertas coordenadas –rigurosas- que están ancladas en un aspecto formal del universo, es decir, si no existieran algunos lugares, es seguro que el cosmos sentiría un sabor amargo en la garganta; pero por suerte existen; y aunque nadie lo nota, cumplen un rol fundamental en el ánimo de los habitantes del lugar. Aquí, esas coordenadas están en una bicicletería que está apostada sobre la calle Alem entre Uruguay y 25 de mayo y cuyo propietario es el “Airoldi”.

Nos atrevemos a sugerir que el Airoldi y su permanente tiempo para el saludo; ha estado ahí desde siempre, es anterior a los tiempos, porque (como esos pintores que sólo pintan su aldea), él está ahí, siempre ahí, acaso para recordarnos que la alegría es una actitud; y que la disciplina y el entrenamiento consiguen –por prepotencia de trabajo- cualquier distinción, cualquier reconocimiento. Y Airoldi siempre ahí, con ánimo parejo.